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La leyenda del champaqui

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La leyenda del champaqui

La palabra Champaquí, deriva del quichua: -Champa- vocablo que se refiere a césped o pastos con raíces en suelo de humedad permanente. Esta es una de las características del Cerro. El conocido quichuista Domingo Bravo, dice que la voz champa significa: césped arrancado para obstruir una corriente de agua, para limitarla o derivarla. En Salta la palabra champa se utiliza para designar trozos de tierra o de barro con raíces y también a la leña delgada, que es la primera que se coloca para encender el fuego.

El conocido lingüista Lafone Quevedo, encuentra el subfijo Qui o M en algunos apellidos indígenas y en algunos nombres de pueblos que llevan el del jefe o cacique indio.

El verde césped de la cumbre del cerro, los numerosos ojos de agua, la enorme cueva en la roca viva, ideal como atalaya para el dominio de una vasta extensión serrana, nos permite pensar que el cerro fue habitado por un cacique que reinaba en la Región del Césped (Champa-Qui).

He conocido por vecinos del valle de San Javier, en casa de Tomás Domínguez la leyenda de la novia de la Laguna. Después de la pampilla de la cima, farallones a modo de fuerte custodian una laguna circular, alimentada por arroyos. En los atardeceres se alza un suave vapor, que el sol tiñe de rojo y de oro. Entonces aparece una mujer de cabellos rubios envuelta en blanco y anaranjado tul: Es la novia de la Laguna. La conocía por Raúl Verde Paz como leyenda del Champaquí.

En una de las grandes cuevas, en la falda oriental, poco antes de llegar a la cumbre del cerro, vivía un jefe indio, que desde esa atalaya natural vigilaba toda la región. Desde ese amplio horizonte descubrieron un día gentes de raza blanca, al oeste en el Valle de San Javier. En una de sus incursiones al otro lado de la sierra, cortada a pico, raptó a una muchacha rubia de rara belleza. La llevó a su cueva de la montaña como hizo Bamba en el Valle de Punilla.

Las expediciones de los españoles, por rescatar a la chica fracasaron, pues la abrupta montaña no daba paso, que sólo se franqueaba por tres peligrosos desfiladeros: la cuesta de las cabras, la quebrada del tigre y la cuesta de las totoras.

No estaban resignados a perderla y en su angustia en la esperanza de verla, miraban al cerro. Sólo en los atardeceres sin niebla y luminosos, creían verla. El rojo color del crepúsculo y el blanco del vapor de agua, formando hermosas combinaciones, por un natural espejismo, reproduce una figura humana de mujer que parece danzar envuelta en gasas sobre la cabeza del Champaquí. Por eso la llaman la Novia de la Laguna.

Al relatar esta leyenda en la casa de Tomás Domínguez, en presencia del padre José Buteler, de Alta Gracia, uno de los serranos de San Javier nos decía que era cosa de brujería, cómo el indio, trepó al cerro como llevado en alas por el viento. En la desesperación por encontrarla, la chica se convirtió en figura halada; revestida de una túnica sobre la que flota su cabellera de oro, camina suavemente sobre el espejo azul de la laguna. Y Don Tomás como siempre parco y sentencioso, agregó: Yo he oído que se arrojó al vacío desde el cerro... Y aparecen todos los atardeceres para hacernos ver que su alma vive en estas alturas...

Sección especial
La leyenda del champaqui de Historias y Leyendas del Valle de Calamuchita por Sergio Mayor - Córdoba 1970 -

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