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Postas, diligencias y mensajerias

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Postas, diligencias y mensajerias

El recordar la historia del transporte del Valle de Calamuchita, es para destacar el rol civilizador de los caminos. La ruta nacional de Córdoba a Río Cuarto por la sierra, ha cambiado una época, transformando la economía pastoril de la región, en otra de características distintas, por su desarrollo, industrial y minero, además del progreso turístico.

Al estudiar la civilización incaica, Wiener destaca la importancia del camino en el progreso de los pueblos. Si los incas llegaron a la civilización que todavía -despierta admiración y curiosidad en los historiadores de la América Precolombiana, además de los factores conocidos, fue por sus vías de comunica el jefe Inca podía comer por la noche el pescado obtenido a la mañana en el Océano Pacífico. Ello fue -posible por sus excelentes caminos y por sus sistemas de postas, que tenían una ruta, el camino de la sierra, otra, a lo largo de la costa. Vencieron todas las dificultades y construyeron tan bien sus caminos que se ha podido decir. Que semejante red de ruta si existiera todavía realizaría el ideal del comercio y la industria asegurando el porvenir económico del Perú moderno.

Hoy llegamos al Embalse del Río Tercero y al Dique de los Molinos en horas de viaje -desde Córdoba. Hace 40 años duraba dos días y era una excursión inolvidable. Raúl Verde Paz, Miceno Vélez Crespo, Manuel Verde (hijo), Manuel T. Rodríguez y Alberto González Albarracín, hijos de viejos pobladores de Calamuchita que recuerdan la época me han relatado detalles pintorescos de los viajes de Calamuchita a Córdoba. Desde el día antes, había alboroto y regocijo en la casa, con los preparativos de hacer empanadas, dulces, pollos fríos, para "la canasta del viaje", especialmente en verano, donde el riesgo de los ríos crecidos, retardaba la llegada a las postas, donde se almorzaba y era necesario comer en el camino.

Desiderio Tejerina -de Río de los Sauces- nos decía de sus viajes desde La Cruz, cuando estudiaba Derecho en la Universidad, de Córdoba. Desde Cañada de Alvarez tardaba tres días en llegar a nuestra ciudad. Cuando los ríos crecían y no daban paso, había que acampar hasta que se pudieran cruzar. Entonces los viajeros ofrecían sus canastas y el viaje era una verdadera fiesta. La gente se conocía y en general eran todos amigos. Al llegar a las postas varias veces un serrano rico pagaba el almuerzo de todos y otro retribuía al viaje siguiente. Las diligencias eran cómodas y podían viajar bien, de nueve a diez personas.

A veces doce con hijos. El precio del pasaje era de nueve pesos. Una diligencia costaba mil pesos de la época. Tenían vidrios en las ventanas y una porta-equipaje. Llevaban de 7 a 8 mulas o caballos serranos y 2 postillones. Las postas estaban cada 25 a 30 kilómetros, donde se renovaban las mulas y la marcha era al galope, estando en buen estado los caminos.

Las mujeres iban sentadas en la diligencia al frente de los hombres, y nos refería un viejo solterón de la época, que era agradable emoción, cuando después de un barquinazo las rodillas de los hombres tocaban las de las damas- recordando con nostalgia una época galante y romántica del Valle de Calamuchita..., en que todo lo pasado fue mejor...

Las diligencias corrieron hasta el año 1925, en que viene el primer ferrocarril a José de la Quintana. El primer automóvil llega a Calamuchita en 1914 y don Justiniano Sánchez, de Santa Rosa, establece desde Córdoba el primer servicio de mensajería en autom6vil. Don Evaristo Fernández había tardado 8 días en llegar en carreta, a Santa Rosa, desde Córdoba, en 1918.

El primer servicio de mensajería a Córdoba, lo estableció Don Manuel Verde, allá por el año 1905 a 1910. “... Tuvimos que hachar árboles en Soconcho, abriendo caminos, para poder pasar. Para este servicio disponía de 70 mulas...", nos decía este recio criollo de estampa castellana, en su casona de San Ignacio, poco antes de morir en 1940.

El servicio de mensajería y pasajes de Manuel Verde, que partía de La Cruz era conducido por Laureano Martínez, empleado suyo, pues elegía muy bien a sus servidores. Don Manuel Verde, que ejerció el comercio de ganado con Chile, llevando hasta 1000 cabezas de ganado gordo para el consumo transandino, en largas y penosas travesías, sin otro techo que el cielo y otra cama que el apero, llevaba a sus troperos, que se encontraban como hermanados en el cruce de la cordillera. De regreso traía siempre mulas para las postas y mensajerías.

La mensajería salía de La Cruz a las 8 de la mañana y en la estancia del General García, en Río Grande, se cambiaban las mulas. Esta posta del Río Grande era atendida por don Federico Carranza. Al llegar a San Ignacio la mensajería se dirigía por La Sierrita a Monsalvo, para almorzar en la posta de Castro. Después se continuaba camino a San Agustín y allí en la posta de José María Gigena o en lo de Pancho Vilchez se cenaba y se dormía. ¡Había concluido un día de viaje a Córdoba!

Al otro día a las 7 de la mañana, la mensajería salía para Córdoba, desde San Agustín, por el camino del Bajo Chico. Hacía las mismas postas que la otra diligencia de Tomás Rodríguez que venía desde Los Reartes, pasando por José de la Quintana. Se llegaba a Córdoba a las seis de la tarde.

El servicio de mensajería de La Cruz a Córdoba por Los Reartes lo estableció don Tomás Rodríguez. Esa galera tenía el nombre de "Correo Nacional por la Sierra" y era conducida por Pedro Marín, que actualmente vive en Santa Rosa. Salía de la Cruz a las 9 de la mañana y llegaba a Los Reartes a las 6 de la tarde. Hacía escalas en San Ignacio, Santa Rosa, "El Sauce" y Los Reartes, donde se cenaba y dormía. Al día siguiente a las 9 salía la mensajería para Córdoba, por José de la Quintana, cambiando mulas en la posta de San Isidro y llegaba a Bajo Chico, almorzando en la posta de José Adán.

Se continuaba la marcha después de comer, llegando al atardecer a la ciudad de Córdoba.

Además de estas mensajerías y diligencias de madera que rodaban de La Cruz a Córdoba, conducida por Laureano Martínez; hizo el servicio más tarde, una galera propiedad de Emiliano Carmona, con escalas en San Ignacio, La Sierrita, Monsalvo y San Agustín.

Lo mismo sucedió con el trayecto de La Cruz a Córdoba -por Los Reartes-, donde Auriz Verde establecio otro servicio de mensajería por Anizacate, llamado "camino de la mina", que pasaba por la Iglesia del Potrero Tútzer, cuyas escalinatas llegan actualmente las aguas del Dique de los Molinos. Las postas de cambio de mulas estaban: en Amboy, en casa de Romelia Carranza de Verde; en San Ignacio, en lo de Octaviano Carmona, y en El Sauce -actual Villa General Be1grano- en lo Crisólogo Carranza.

Cerca de Potrero Garay, en la posta de Cañada del Tala, estaba José Bonatto, el "primer gringo" que llegó a Calamuchita en 1910, donde se podían comer pastas y tomar vinos italianos, antes de continuar el viaje a Córdoba por Anizacate.

Estas galeras y mensajerías con sus correspondientes postas, no solamente acercaron hace 60 años los hombres de la sierra a Córdoba, sino que también transportaron al Valle de Calamuchita, a figuras representativas de nuestra vida nacional.

Es así que una mañana en la mensajería de Braulio Gigena -así lo afirma el escritor César Carrizo-, se vio descender de la galera a Carlos Pellegrini, que venía a pasar una temporada de descanso a su casa, siempre abierta a los buenos amigos.

En la casa de don Braulio Gigena, -de Río de los Sauces-, hijo del Dr. Dámaso, Gigena, que ofreciera su estudio al doctor Vélez Sársfield, pasaron largas temporadas Dardo Corvalán Mendilarzu, Jorge Drago Mitre -nieto del general Mitre-, Miguel Cané y el general Mansilla escribieron en la soledad de la sierra, bellas páginas de sus libros.

En Soconcho, en casa de Julio Astrada, amigo del -,-3neral Roca, y ex gobernador de Córdoba, descansan con frecuencia Joaquín V. González y Alejandro Carbón. En esta vieja casona se realizaron numerosas entrevistas y conversaciones sobre la vida política racional. De una de esas reuniones, en un momento de confusión y de poca claridad para tomar decisiones, salió la famosa frase genial por lo sagaz, en la vieja política argentina: ¡Hay que desensillar hasta que aclare!

Las viejas galeras y mensajerías de la época transportaron a sus actores, que por su personalidad y jerarquía en las letras, en la historia, en la educación y en la política, deben ser recordados en este relato.

Sección especial
Postas, diligencias y mensajerias de Historias y Leyendas del Valle de Calamuchita por Sergio Mayor - Córdoba 1970 -

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